Se le denomina circuito cerrado ya que, al contrario de lo que pasa con la difusión, todos sus componentes están enlazados, a la vez que es un sistema pensado para un número limitado de espectadores.
El circuito puede estar compuesto, simplemente, por una o varias cámaras de vigilancia conectadas a uno o más monitores, que reproducen las imágenes capturadas por las cámaras; aunque, para mejorar el sistema, se suelen conectar directamente o enlazar en red con otros componentes como vídeos u ordenadores.
Las cámaras suelen estar fijas en un lugar determinado y pueden estar controladas remotamente desde una sala de control, donde se puede configurar su panorámica, enfoque e inclinación. Pueden incluir visión nocturna y detección de movimiento, lo que facilita al sistema ponerse en estado de alerta cuando algo se mueve delante de las cámaras. Todas estas cualidades hacen que el uso del CCTV haya crecido extraordinariamente en estos últimos años.
En muchos hogares se utilizan como sistemas de seguridad, aunque también pueden desarrollar otras funciones tales como recopilar evidencia de violencia doméstica. También se colocan en bancos, casinos, centros comerciales, vías de circulación, aeropuertos, áreas e instalaciones públicas, entre muchos otros lugares.
El gran aumento de cámaras en lugares públicos, ha obligado, en España, a regularizar la situación mediante la Ley Organica de Protección de Datos, que protege la intimidad de las personas. Esta prohibe las cámaras ocultas, obliga a informar sobre la existencia de videovigilancia, a proteger la intimidad de las personas, a utilizarzas con fines de seguridad y siempre con el sentido de proporcionalidad.


